Perú se prepara para León XIV: dos obispos llaman a la Familia Agustiniana a vivir la visita en comunidad
León XIV prepara su visita al Perú. Carlos Castillo y Guillermo Elías invitan a la Familia Agustiniana a vivirla desde la unidad, la fe y la comunidad.

La bendición del papamóvil que utilizará León XIV durante su visita apostólica al Perú ha marcado una nueva jornada de preparación para recibir al Pontífice. En este contexto, el cardenal Carlos Castillo, arzobispo de Lima, y monseñor Guillermo Elías, obispo auxiliar y responsable de la Comisión Organizadora de la Visita Apostólica, han dirigido mensajes especiales a la Familia Agustiniana, invitándola a vivir este acontecimiento desde la espiritualidad de san Agustín, la unidad y la alegría compartida.
Perú continúa ultimando los preparativos para recibir al papa León XIV, que visitará el país entre el 11 y el 16 de noviembre. Este miércoles 4 de noviembre, la Nunciatura Apostólica en Lima acogió la presentación oficial y bendición de uno de los papamóviles que utilizará el Santo Padre durante sus desplazamientos.
El vehículo, especialmente acondicionado para facilitar el encuentro del Pontífice con los fieles, fue bendecido por el cardenal Pedro Barreto, arzobispo emérito de Huancayo, en presencia de representantes eclesiásticos y autoridades civiles.
Sin embargo, más allá de los preparativos logísticos, la visita tiene también una dimensión profundamente espiritual para la Familia Agustiniana. El regreso de León XIV al Perú representa una oportunidad para redescubrir el valor de la comunidad, la búsqueda de Dios y la unidad, elementos esenciales de la tradición agustiniana.
Así lo han expresado dos de los pastores de la Iglesia peruana en declaraciones recogidas por Agustinos con el Papa.
Carlos Castillo: «Yo también soy agustiniano»
El cardenal Carlos Castillo Mattasoglio ha querido dirigir un saludo especialmente cercano a los miembros de la Familia Agustiniana, con quienes comparte una vinculación que se remonta a su juventud.
«Es un honor para mí hablarles, porque yo soy también agustiniano», expresó el arzobispo de Lima, quien recordó que estudió en el Colegio San Agustín e incluso llegó a plantearse ingresar en la Orden de San Agustín.
«Iba a ser agustino, pero fui por otros caminos», comentó con espontaneidad. Y, con sentido del humor, añadió que finalmente terminó como san Agustín, que fue obispo de Hipona.
Más allá de esta experiencia personal, el cardenal quiso detenerse en uno de los rasgos que considera más hermosos de la espiritualidad agustiniana: la posibilidad de descubrir a Dios en medio de las propias fragilidades humanas.
«Agustín fue muy pecador y muy buscador de Dios a la vez», recordó, destacando que la historia del santo de Hipona permite comprender que nadie está demasiado lejos del amor de Dios.
Para el arzobispo de Lima, la espiritualidad agustiniana es una invitación permanente a reconstruir la propia vida desde el encuentro con el Señor. Dios no abandona a la persona en sus dificultades, sino que permanece a su lado, animándola a dar nuevos pasos y a compartir su vida con los demás.
En este sentido, Castillo evocó la búsqueda interior de san Agustín y su descubrimiento de un Dios que siempre había estado cerca de él.
El cardenal invitó a la Familia Agustiniana a vivir estos días junto al papa León XIV recuperando una de las expresiones más conocidas de las Confesiones:
«Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».
Concluyó su mensaje animando a todos a permanecer unidos durante la visita del Santo Padre. Incluso, entre sonrisas, hizo referencia a la especial coincidencia de que dos agustinianos compartan el protagonismo de estos días: el Papa y él mismo.
Guillermo Elías: «Únanse, ilusiónense y trabajen juntos»
Por su parte, monseñor Guillermo Elías Millares , obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Lima y presidente de la Comisión Organizadora de la Visita Apostólica de León XIV, también dirigió un mensaje a la Familia Agustiniana.
En sus palabras, puso el acento en uno de los elementos más característicos del pensamiento de san Agustín: la comunidad.
«Una de las claves de la espiritualidad agustiniana es la comunidad», señaló el obispo, quien invitó a los miembros de la Familia Agustiniana a convertirse en testigos concretos de esa dimensión fraterna durante la visita papal.
«Yo les invito a que se unan, a que se ilusionen juntos, trabajen juntos, logren hacer juntos ese camino», expresó.
Para monseñor Elías, la presencia de un Pontífice cuya vida espiritual se nutre de la tradición agustiniana debe convertirse en un estímulo para fortalecer los vínculos entre las distintas comunidades.
El obispo recordó también su cercanía con los Padres de Nuestra Señora del Consuelo, como expresión de su propia vinculación con el mundo agustiniano.
Su mensaje concluyó con una invitación que resume el espíritu con el que propone vivir este acontecimiento: «En comunidad, por la comunidad y con la comunidad. Que Dios les acompañe siempre».
Una visita para caminar con un solo corazón
La visita de León XIV al Perú será uno de los acontecimientos eclesiales más relevantes del año para la Iglesia peruana y tendrá un significado singular para la Familia Agustiniana.
El Santo Padre, que desarrolló una parte importante de su vida religiosa y pastoral en Perú, regresará a un país profundamente vinculado a su historia personal y vocacional. Su recorrido apostólico será una ocasión para el encuentro con distintas comunidades, la celebración de la fe y el fortalecimiento de la esperanza.
Para los agustinianos, este acontecimiento ofrece además la oportunidad de mostrar al mundo una espiritualidad que hunde sus raíces en la interioridad, la fraternidad y la búsqueda compartida de Dios.
Los mensajes del cardenal Carlos Castillo y de monseñor Guillermo Elías confluyen en una misma invitación: no vivir la llegada del Papa únicamente como un acontecimiento multitudinario, sino como una experiencia de comunión que pueda transformar la vida de las comunidades.
Porque, siguiendo la inspiración de san Agustín, la verdadera preparación para recibir al sucesor de Pedro comienza en el corazón y se hace visible cuando somos capaces de caminar juntos, con un solo corazón y una sola alma dirigidos hacia Dios.